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La aguja

LLOC: Plaza Masadas (Sant Andreu)
DATA: Divendres, 14 d'octubre de 2005
AUTOR: Jose Luis

Cuentan las gentes del lugar, que a su vez también han oído contar la historia a otras gentes, que hace mucho, mucho tiempo que Martí y su bella Alba vivían en una casa de la Plaza Masadas. Martí como casi todo el mundo el aquella época trabajaba en los talleres del ferrocarril de San Andrés Condal, y Alba, que durante el día se ocupaba de los quehaceres del hogar, por las tardes cosía y remendaba sus ropas hasta que la luz se hacía tan débil que ya no podía hilar la guja. Martí la amaba, sentía verdadera devoción por ella, pero a pesar de eso Alba siempre estaba triste y melancólica; los hijos que prometió dar a Martí cuando cumplió sus votos no venían y eso la hacía sentirse enormemente desdichada. Se la recuerda asomada al balcón, siempre triste y afligida mientras Martí se desesperaba sin saber qué podía hacer.
Un día, para más desdicha, cuando Martí volvió del trabajo se la encontró llorando en su habitación. Una aguja se había roto y se le había clavado en un ojo, el médico había dicho que nunca más volvería a ver por aquel ojo.
Desde entones, Alba no volvió a asomarse nunca al balcón, no volvió a coser, dejó de salir a la calle, de ocuparse de la casa, incluso de comer. Pasaba el día mirándose en el espejo de la habitación llorando y lamentándose de su aún mayor desgracia. Martí se sintió impotente, sus esfuerzos por animarla fueron infructuosos y ella cada vez estaba más y más débil.
Una mañana cuando Alba se levantó no encontró ningún espejo en la casa, Martí se los había llevado. Cuando fue a abrir el balcón para que entrara el sol, se dio cuenta de que Martí había cerrado con ladrillos la mitad del balcón y de todas las ventanas de la casa. Cuando Martí volvió a la noche y ella le preguntó por qué había echo todo aquello, él respondió:
-El espejo no te ve de la misma manera que te veo yo, por que para mí sigues siendo la mujer más bella del mundo, por eso me los he llevado todos, y si sientes vergüenza de que la gente te vea con un solo ojo por que crees que ves la mitad de lo que ven los demás, cuando la gente mire a esta casa verá la misma mitad que tú dices que ves.
A partir de aquel día Alba recuperó las ganas de comer y en pocos días volvió a vérsele otra vez asomada al balcón, feliz a pesar de su ojo. El amor de Martí fue el mejor remedio para la tristeza. Además cuentan, que cuando al cabo de muchos, muchos años murieron, nadie se atrevió a quitar los ladrillos que puso Martí y que cualquiera puede verlos si pasa un día por la Plaza Masadas. Dicen también, que en la Plaza Masadas nadie cose al atardecer y que los niños juegan a buscar el trozo de aguja con el que Alba se pinchó, aunque hasta hoy nadie lo ha encontrado, porque según cuentan, desde el balcón cayó a un pajar.
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Text presentat al Concurs Històries de Barcelona (concurs literari organitzat per Bdebarna i Transversal Web en el marc de l'Any del Llibre i la Lectura 2005)

Texto presentado al Concurso Historias de Barcelona (concurso literario organizado por Bdebarna y Transversal Web, dentro de los actos del Año del Libro y la Lectura 2005)

1 comentari


Aquesta plaça és una meravella!

Ignasi <ijimenpe9@dret.ub.edu> - 01/11/2006 23:49
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